Quizás piensen que el título de este artículo tiene una errata. ¡No es así! Hablar de cooperativismo es hablar de COOPERACIÓN y de DAR. Es un modelo de negocio que nació en el siglo XI para dar soluciones a las personas, para combatir la pobreza, la explotación laboral, los altos precios de los alimentos y la escasa capacidad de negociación de los productores para defender sus productos.
Ha pasado más de un siglo y las cooperativas siguen siendo agentes clave que ofrecen soluciones a los agricultores y ganadero en las zonas rurales, a la vez que ofrecen bienes y servicios y actúan como reguladores de precios de los productos agrícolas y ganaderos en mercado.
No obstante, olvidamos el poder que tienen cuando la cooperación se convierte en una fórmula de trabajo, en lo que supone la concentración de la oferta y las soluciones que se ofrecen a las personas que eligen el modelo cooperativo como medio de vida.
A menudo, cuando vemos informes de lo que representa un sector productivo solemos quedarnos solamente en los datos económicos. A menudo, olvidamos valorar todo aquello que va más allá del precio y que está sujeto a un sistema de intercambio de libre mercado donde nuestros productos y servicios se negocian a través de un precio.
Estamos cada vez más habituados a ver la importancia que los productos agroalimentarios tienen para el consumo humano, pero poco nos fijamos en el valor que aportan más allá del precio. Olvidamos cuantificar el valor de no mercado y el valor emocional, claves para medir el valor total de cualquier modelo de negocio. Las métricas de valor social nos permiten avanzar para calcular todo el valor social de forma integrada.
Si hablamos en términos de la Pirámide de Maslow, nos permite medir factores como:
•La Afiliación: Aceptación social, afecto, compromiso y sentido de pertenencia al modelo.
•Reconocimiento: Autoestima, confianza, respeto y éxito dentro del modelo cooperativo.
•Autorrealización: El nivel más alto, enfocado en el potencial, la creatividad y el propósito vital de cooperar y dar soluciones a las personas.
Valorizar todo esto ofrece una visión integral de nuestro desempeño y el retorno que damos al medio rural. Nos atrevemos a decir que las cooperativas, más allá de sus datos económicos, también juegan un papel muy importante en cuanto a la valorización de las emociones (aunque seguro que pensarán que con eso no comemos).
Desde la neurociencia ya sabemos que las estrategias basadas en emociones afectan a nuestro sistema límbico y a la amígdala donde se gesta por ejemplo el miedo, la anticipación, pero también el deseo. Quizás esto lo tenemos poco trabajado en el modelo cooperativo.
A menudo, cuando compramos no lo hacemos solamente porque lo necesitemos, lo hacemos también porque lo que compramos nos hará sentir mejor. Aparece una paradora sobre la que hay que reflexionar: “Somos expertos en activar el deseo de consumir pero muy torpes en activar el deseo de crecer, de cooperar y de dar”. A menudo, el ego y el conformismo nos invaden limitan nuestro crecimiento.
¿Por qué sabemos tan bien medir nuestro desempeño económico y tan poco cómo medir la cooperación, el compromiso con el territorio, con las personas…?
Nos olvidamos de que dar valor a lo que aportamos más allá del precio, a menudo, podría dimensionar en su globalidad todo lo que somos capaces de generar desde el modelo cooperativo.
Vivimos en un sistema social donde nuestro cerebro evalúa antes de escuchar y esto a menudo, pensamos que no nos beneficia.
En el modelo de Valor Social Integrado (VSI), el valor emocional mide el impacto intangible y cualitativo que una cooperativa genera en las personas. Cuantifica aspectos como la mejora en la calidad de vida, la autoestima, la tranquilidad y el bienestar emocional percibido por nuestra base social, sus familias y la sociedad en general. En lugar de centrarse en el dinero o la actividad económica, va un poco más allá. Evalúa los beneficios no económicos que una cooperativa aporta al entorno. ¿Problema?
Nuestro cerebro está habituado al ahorro de energía y a buscar la seguridad de lo conocido. De ahí que la costumbre lleve siglos hablándonos de la importancia que tiene la monetización solamente
en términos económicos, obviando el valor real de nuestro desempeño frente a nuestros grupos de interés.
Monetizar el valor social integral de las cooperativas permite tener un valor real de lo que detraemos, pero también de lo que aportamos a nuestro entorno.
Por eso, es necesario seguir avanzando para que, tanto Cooperativas como Administraciones Públicas hablen en los mismos términos. Sólo así seremos capaces de comprender el verdadero valor que percibe nuestro entorno de lo que realmente hacemos más allá de lo que dicen nuestras cuentas anuales.
Medir el valor social integral que nuestras cooperativas es una buena decisión, pero necesitamos que se incorpore a los procesos de cálculo de nuestras cuentas anuales, de nuestro modelo de gestión y rendición de cuentas cada año. Sólo así seremos capaces de medir lo que realmente estamos generando y devolviendo a nuestro entorno.
Sólo si somos capaces de medir en términos globales, seremos capaces de defender con diferencia nuestra identidad como cooperativas. Sólo de esta forma estaremos en condiciones de demostrar y valorar lo que verdaderamente hacemos por el capital y las personas que nos eligen como medio y estilo de vida.
Siempre se ha dicho: Nos quedamos en un sitio, no por las palabras, sino por cómo nos han hecho sentir. Eso nuestro modelo de negocio sabe hacerlo muy bien, pero a menudo, no le damos el valor que merece.
El modelo cooperativo es eso, empresas donde se vive, pero también se siente…¿saben por qué? Porque las cooperativas son empresas con alma y menudo, olvidamos la importancia que tiene todo el desempeño que llevan a cabo en este sentido.
Desde nuestra Fundación les ayudamos a trabajar para completar todo el proceso de generación de valor a través de métricas de valor social. Les animamos a ello.
Este proyecto se enmarca dentro del “Programa de Empleo, Formación, Educación y Economía Social, EFESO cofinanciado por el Fondo Social Europeo Plus para el periodo 2021-2027. Prioridad 1. Objetivo Específico ESO4.1”.

